Claudio GarcÃa presenta hoy en Roca su novela “Mensajeroâ€
Este sábado 30 en Roca el periodista y escritor viedmense Claudio GarcÃa presentará su último libro “Mensajeroâ€.
Hoy a las 20 en la Biblioteca de Arte y Cultura Popular de la Estación (9 de Julio 960) de Fisque Menuco-Roca, el periodista y escritor viedmense Claudio GarcÃa presentará su último libro “Mensajeroâ€. Esta obra fue seleccionada en el concurso de Novela Corta que realizó el Fondo Editorial Rionegrino (FER) y editada el año pasado.
Diego Reis, responsable del prólogo de “Mensajeroâ€, señaló sobre esta obra que: La historia que nos cuenta Claudio GarcÃa en la presente novela Mensajero tiene un marcado ritmo y tono de clásica novela iniciática, refrendada ya desde el epÃgrafe de Máximo Gorki: “Ya no eres ningún niño…â€. La historia (narrada en una estricta primera persona) es la de un joven empleado del Correo que se inicia sexualmente con una mujer mayor, a la cual ha conocido al llevarle un telegrama. El protagonista (del cual ignoramos plenamente el nombre, un acierto por parte del autor) inicia con esta mujer mayor (también innominada) una relación de aprendizaje, de descubrimiento del mundo del sexo, del amor, de esa red compleja y dialéctica de relaciones y pasiones. El narrador, fortÃsimo, es quien sostiene todo el tiempo el relato, que ocurre en un presente continuo. La virtud de Claudio GarcÃa es que este narrador/personaje (homodiegético, en términos técnicos), a pesar de reflexionar constantemente sobre el por qué de sus acciones, más bien parece ser arrastrado por la fuerza de los hechos, como en las novelas picarescas españolas. ¿Qué hay al final de ese camino? ¿EpifanÃa o nihilismo? ¿Decepción o iluminación? El Mensajero nos da su versión preliminar de las cosas: “Hay quienes buscan el bien a través del mal; otros consideran a la vida una farsa; la mayorÃa se traga las cosas como vienen, los hechos y las apariencias, los credos y los mandamientos, los héroes y los fantasmas, hasta el punto en que no se sabe bien qué se engulle.†¿Cuál es el mensaje último, ulterior de Mensajero? Quedará ello en la lectura/interpretación de cada lector.
​El autor agradeció al jurado que destacó los méritos literarios de la obra como para ser editada, integrado por Luisa Peluffo, Diego Reis y Ezequiel Murphy; a Simón Salamida, dibujante y artista plástico de Viedma que hizo las ilustraciones del libro; a Silvana Pérez León que trabajó en la corrección, junto a Daniel Welschinger, titular del FER, que en su carácter de editor hizo aportes también en este sentido, y a Ianina Baffoni, responsable del diseño del libro.
Claudio GarcÃa es escritor y periodista radicado en Viedma hace más de 30 años. Ha publicado los libros Versos de Primera Intención (EUDEBA-FER 1987), Un Corsario con sus Piernas Quebradas (1995) y Poemas un tanto amigos de una seguidilla de dÃas de lluvia e insomnio-¿Dónde pueden estar mis viejos zapatos?, Mariela y otros poemas (1995). El libro de cuentos La visita del psicólogo y otros cuentos obtuvo la primera mención en el XXI Encuentro Patagónico de Escritores (Puerto Madryn, 1999), con un jurado integrado por Héctor Tizón, Diego Angelino y Liliana Hecker. Un cuento integra la antologÃa de escritores de RÃo Negro De jinetes y soledades, editada por la Biblioteca Nacional, Colección de AntologÃas Literarias de las Provincias, 1998. En el 2009 publicó su libro El guardiacárcel guevarista y otros cuentos por Ediciones El Camarote. A fines del 2013, a través de Vela al Viento Ediciones Patagónicas, el escritor sacó a luz el libro de cuentos Método Morello para no separarse. Distintos poemas y cuentos han sido publicados en revistas y antologÃas.
ASÃ ESCRIBE
“Otro linyera era en cierta medida la contracara de Esteban. Le decÃan ‘Talacasto’, por la marca de vino. Precisamente, uno nunca lo veÃa comer, pero vivÃa tomando vino. Siempre estaba medio chispeado, hablando y moviéndose como en cámara lenta, pero nunca desvariando o por el piso. No era como otros borrachos que por efecto de la bebida se vuelven tan insoportables como sentarse encima de un cactus.
A diferencia de Esteban, ‘Talacasto’ no sabÃa nada de anarquisÂtas, de linyeras por elección, de filosofÃas de vida. No obstante, decÃa cosas que no me parecÃan tan triviales. Recuerdo un puñaÂdo de frases: “La vida es una fatiga que se alivia con vinoâ€, “que el mundo siga girando con sus cosas, que yo sólo me dedico a leer mi corazónâ€, “sin vino uno anda pálido por dentroâ€. Y otra muy misteriosa: “Los lobos despedazan a las ovejas, pero las ovejas sudan aún con frÃoâ€. Quizás esta frase aludÃa a su justificación de la bebida para pasar el invierno. Una vez lo encontré arrebujado contra un ombú sobre la General Paz, en una tarde ventosa de frÃo que calaba hasta los huesos, y le dije: “Por qué no te vas a la estación que acá te vas a morir de frÃoâ€, y él me contestó: “Aunque haga frÃo, el vino te hace sudarâ€.
HabÃa también una linyera que, en cierta medida, era la muÂjer de todos los vagabundos que tenÃan su refugio en la zona de la iglesia San Cayetano. Por el color del pelo, el cuerpo un poco delgado y la voz asemejaba una mujer de mediana edad, pero los años no se le adivinaban en el rostro, casi siempre grasiento, lo que hacÃa resaltar una permanente sonrisa como de satisfacción. VeÃa muchas veces cómo otros linyeras la manoseaban e intenÂtaban, con la torpeza del vino, hacerle un amor que me parecÃa repulsivo, entre los pastos, los cajones y las chapas donde hacÃan campamento en el baldÃo.
En ocasiones yo pasaba caminando o con la bicicleta y ella no sólo me saludaba, sino que me hacÃa indudables invitaciones seÂxuales, indicando con una mano que me acercara mientras, con la otra, señalaba sus entrepiernas. Yo rehusaba amablemente su generosidad, acelerando mi marcha. A veces me imaginaba acepÂtando: apretaba calurosamente su cuerpo con ropas andrajosas, apoyaba mi cabeza contra su pecho grasoso, compartÃa con mi boca su aliento y su saliva vinosa y, venciendo un nudo amargo en la boca del estómago, aceptaba penetrarla una y otra vez sobre cartones y yuyos, apenas ocultos. Pero inmediatamente me auÂtoimponÃa una muda imploración y un fuerte reproche: fantasear puede traer el deseo y el deseo, la acción. “¿Te imaginás cogiendo con esa linyera que en cierta medida te causa repulsión? Nunca más podrÃas tener sexoâ€, me decÃa.â€
...
“¿Para qué corno sirven las flores? me pregunté. No sabÃa. Pero allà estaba dando un ramo de flores, asumiendo un gesto antiguo que ya nadie practicaba. Quizás la lógica estaba en que nuestro vÃncuÂlo tampoco era muy usual: una mujer mayor ligada a un adolesÂcente. Incluso la relación iba en caÃda, por lo menos de mi lado. Mis sentimientos habÃan cambiado, ya no estaba ese espejismo del sexo descubierto. TenÃa ese cansancio propio del adolescente, de que las cosas conquistadas tienen que hacer lugar a otras. No tenÃa tantas ganas de dejar espacios en los repartos para ir a verla. TenÃa miedo de su creciente actitud posesiva, de percibir que el amor se asentaba sólo de su lado y en mà se volvÃa difuso. TampoÂco era amor, sino sobre todo deseo y ya habÃa dictado suficiente cátedra como para que me encontrara eximido.
Recibió las flores y largó esa risa que seguÃa siendo la carta de presentación que más me satisfacÃa. Eran las siete de la tarde, casi de noche, y como otras veces me llenó de besos y manoseos que sumaban a la excitación las cosquillas. SabÃa todo lo que iba a continuar: ir a la cama, hacer el amor. Me iba a hacer luego la merienda, como una madre, y charlarÃamos algunas cosas. Pero todo eso era como un complemento, era secundario. La posesión que querÃa tener progresivamente sobre mà se expresaba en priÂmer lugar en el sexo. Entraba en su casa y ella se transformaba, y en cada visita lo fundamental era coger. Pero sentÃa que sexualÂmente habÃa quemado una etapa.
Luego de darle las flores tuve un pensamiento morboso: relaÂcioné esa ofrenda con la práctica de muchos de ir al cementerio. Me daba no sé qué pensar en ella como una muerta, sobre todo cuando, al mirarla, sus ojos de mujer sonreÃan desvergonzados. Pero justifiqué la ocurrencia con la muerte indudable de mi amor. Entendà que inconscientemente las flores que habÃa traÃdo tenÃan no el sentido de agraciar sino el de despedir. Es verdad que teÂnÃa dudas sobre cómo enfrentar la situación. Pensé que el talento más grande que debe tener una persona es cómo manejarse con el amor. Y sabÃa que habÃa aprendido mucho sobre mi sexualidad, pero muy poco sobre cómo relacionarme con una mujer, y más con una que me llevaba tantos años. ¿Cómo manejar una despedida? ¿Cómo plantear el adiós?â€

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