Una crónica redonda/Por Jorge Castañeda
Reina para los prÃncipes “la que corre es ellaâ€.
Fulbo, balón, el útil, el proyectil, la bocha, pelota, la menina, el esférico, la redonda, la globa, rellena de estopa o de paja, de vejiga de buey inflada, de papel, de plástico, de lata vieja de leche Nido, de trapo con cobertura de medias viejas de mujer, de goma saltarina, de cuero flor, de poliuretano sobre espuma de polietileno, de setenta centÃmetros de circunferencia y algo menos de medio kilo de peso, y preferentemente de gajos con forma de hexágonos de colores negro y blanco. Casi nada. Para el ingenio de Teseolini, Valbonesi y Polo, tres ilustres cordobeses de Bell Ville que la inventaron sin tientos para alivio de los jugadores.
Avestruz sin patas, hermana del botÃn, prolongación del pie, luna de la cancha, globo con peso, burbuja de cuero, moneda que salta, nido de hornero sin agujero, disco que vuela, misil que se dispara, circunferencia que bota, bola en movimiento, escarabajo gigante, erizo sin púas, glóbulo de aire, cÃrculo de alegrÃa, melón que no se cala, balero sin hilo, doncella esquiva, tondo que se desplaza, redondel de mariposas, muñeca brava, esfera que se disputa, sandÃa que se juega, rosetón de catedral que se patea, globo terráqueo que se ataja, prima donna del juego más maravilloso del mundo.
Para enviarla al área contraria, para tocarla y pasarla, para meter un caño, para darle de bolea, para que vuelva con la pared, para divertirse, para peinarla de cabeza, de palomita, para bajarla con el pecho y devolverla al arquero, para la magia de la gambeta, para la media vuelta, para la chilena, de taquito, para acariciarla, para darle de media cancha, para meterla desde el otro arco, para darle comba de gol olÃmpico, para sacarla airosa de la sombra fugaz del túnel, para shotearla desde el punto penal, para romper la red, para encajarla en el ángulo, y hasta para dejarla picando.
En la cancha, en el baldÃo, en la mano de Maradona, en el pecho de Obdulio, en el patio de la escuela, en el zaguán, en la terraza, en la playa, en el dormitorio, en la sala de estar para romper jarrones, en el jardÃn, en una baldosa para hacer jueguitos, en el alma.
En el beso de Pelé, en las manos enguantadas del arquero, en un pibe de barrio de cualquier color y continente, o afuera hecha monumento en el jardÃn de la casa de Di Stéfano. Ella, porque ella es mujer y necesita mucho amor. Por eso “venga hijitaâ€, “gracias viejaâ€.
Reina para los prÃncipes “la que corre es ellaâ€. Potranca redonda “cuando ella venÃa, yo la dominabaâ€. Aro de fuego “si la maltratas te rompe la piernaâ€. Novia furtiva “la trataba con tanto cariño como trato a mi mujerâ€. Ambrosia necesaria “yo sin ella, soy como un recién nacido sin chupeteâ€. De forma atractiva “como las mujeres es cosa gustosaâ€. Pura como la madre “la pelota no se manchaâ€.
Pelota linda, naranja con gajos, humilde o reglamentaria, emperatriz de la cancha, doncella o hetaira, balón de ilusiones, señora o percanta, la Divina Proporción cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna, sin que le busquen la cuadratura a su cÃrculo de fiesta, a rodar por el césped, por los estadios, modernos coliseos del deporte, por las tribunas, por los potreros, y más linda que un sol que nunca encandila a rodar por el año mundo para seguir haciendo jueguitos en un rincón grande del corazón.

Comentarios
¡Sin comentarios aún!
Se el primero en comentar este artículo.
Deja tu comentario