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Este día 3, está semana, este mes  de junio se cumplen 11 años del primer grito colectivo de Ni Una Menos, se movilizan y  marcan un antes y un después en la lucha contra la violencia hacia las mujeres y diversidades en Argentina. En Río Negro, las marchas y actividades se desarrollan en Viedma, Bariloche, el Alto Valle, Valle Medio, Línea Sur y la Costa Rionegrina, renovando un reclamo que sigue vigente: vivir sin violencia y con igualdad de derechos.
A más de una década de aquella histórica convocatoria, las estadísticas continúan mostrando una realidad preocupante. Cada año se registran decenas de femicidios en el país, además de miles de denuncias por violencia física, psicológica, económica, simbólica y digital. Detrás de cada número hay una historia, una familia y una comunidad afectada.
La violencia de género no distingue edad ni condición social. La sufren niñas, adolescentes, mujeres adultas y personas mayores. También existen situaciones donde la falta de respuestas oportunas, demoras institucionales o ausencia de acompañamiento agravan el sufrimiento de las víctimas. Por eso, el desafío no termina en la denuncia: requiere prevención, asistencia, protección y acceso real a la justicia.
Las instituciones públicas y privadas tienen un papel fundamental. Es necesario fortalecer las capacitaciones permanentes, promover la perspectiva de género en todos los ámbitos y garantizar el cumplimiento efectivo de las leyes vigentes. La formación de funcionarios, docentes, fuerzas de seguridad, personal de salud y operadores judiciales es una herramienta clave para detectar situaciones de riesgo y actuar a tiempo.
La tecnología también puede ser una aliada. Aplicaciones de alerta, líneas de asistencia, sistemas de geolocalización y herramientas digitales pueden facilitar pedidos de ayuda y respuestas más rápidas. Sin embargo, ninguna aplicación reemplaza el compromiso humano, la presencia del Estado y una sociedad que no mire para otro lado.
A 11 años de Ni Una Menos, el mensaje sigue siendo claro: la violencia no es un problema privado, es una responsabilidad colectiva. Escuchar, acompañar, denunciar y exigir políticas efectivas son acciones que pueden salvar vidas.
Desde Río Negro, las marchas vuelven a ocupar las calles para recordar a quienes ya no están y para reclamar un futuro donde ninguna niña, adolescente, mujer adulta o persona mayor tenga que vivir con miedo. Porque el objetivo sigue siendo el mismo: ni una menos, vivas, libres y con derechos.

Autor: admin